Una idea interesante desarrollada por Rolf Dobelli es que la acumulación de noticias informativas que nos llegan perjudica la salud.

Hacen que nos volvamos más temerosos y agresivos y disminuyen la creatividad y la capacidad de reflexión. Si deja de leer los periódicos por completo, se sentirá más feliz. Está demostrado.

Las noticias son al cerebro lo que el azúcar es al cuerpo. Son fáciles de tragar, y nos facilitan pequeños bocados de placer, no requieren ningún esfuerzo, pero nos acaban perjudicando. Aunque parezca que simplemente nos mantienen informados, las “noticias” nos llenan el cerebro de hechos que carecen de utilidad práctica o teórica alguna para nuestras vidas, que se escapan de nuestro ámbito de acción y que, a menudo, no nos conciernen en absoluto.

El abuso de noticias es realmente tóxico para nuestro cerebro, y el único modo de protegernos sería dejar de consumirlas por completo.

“De entre las 10.000 noticias que haya leído o escuchado en los últimos doce meses, cite una que le haya ayudado a tomar una decisión más acertada con relación a su vida privada o profesional”, dice Rolf Dobelli.

Nos hacemos ilusiones al pensar que por acumular un gran número de noticias en nuestro cerebro, llegaremos a entender el mundo mejor. Y ocurre lo contrario. Todo lo importante que debemos saber sobre la vida no está en las noticias, sino que surge lentamente de nuestras propias reflexiones.

Las noticias activan de forma constante el sistema límbico del cerebro. Las catástrofes que se nos anuncian en los titulares todos los días liberan altas cantidades de glucocorticoides (cortisol). Esto altera el sistema inmunitario y reduce la producción de la hormona del crecimiento, que se encarga de regenerar el organismo. También perjudican la digestión, reducen el crecimiento de las células de la piel, del pelo y de los huesos, aumentan el nerviosismo y hacen más proclive a las infecciones.

Puede llegar a sentirse temeroso, agresivo y reducirse su campo de visión. Cuanta más inform-ación consumimos, mayor es el número de circuitos neuronales dedicados a las tareas superficiales y menor es el número de los que se encargan de las reflexiones profundas.

La mayoría de los consumidores de información, incluidos los que solían ser ávidos lectores, han perdido la capacidad de leer artículos extensos y libros. Tras unas cuatro o cinco páginas, se cansan, se aburren, su concentración desaparece, necesitan moverse… o directamente se duermen. La razón no es que hayan envejecido o que tengan cosas más importantes que hacer; es que la estructura física de su cerebro ya no es la misma.