La confianza es una fuerza interior que nos impulsa, una actitud profunda de seguridad y bienestar con uno mismo. Saber descubrirla y cultivarla enriquece el mundo y nuestra vida.

La vida abunda en situaciones que generan inseguridad, que ponen a prueba la confianza depositada en uno mismo. Si apostamos por nosotros y las afrontamos tenemos mucho terreno ganado, ya que lo que una persona piensa de sí misma suele terminar por cumplirse. Si poco a poco alcanzamos diferentes objetivos personales, la autoestima se fortalece y el cerebro genera pensamientos positivos.

Otras veces no es posible lograr lo que nos proponemos, pero se nos brinda el beneficio de aprender de los errores y de que se generen posibilidades no previstas. A largo plazo, la experiencia va mostrando cómo tras cada meta inalcanzada reside un mayor conocimiento, una capacidad de tolerar mejor las emociones negativas, aprender de ellas y emplearlas a nuestro favor.

Hoy circula una creencia irracional frecuente: se tiene éxito porque sí, sin esfuerzo, por buena suerte. Pero la vida de quienes triunfan en alguna faceta suele estar llena de fracasos.

La confianza personal está muy ligada a la capacidad de actuar. No es algo que responda objetivamente a las capacidades reales, sino más bien a lo que se cree que se puede llegar a hacer con ellas. Por sí sola la capacidad no basta para garantizar el desempeño óptimo: es necesario creer en ella para poder sacarle el máximo provecho. En el proceso de cambio de las actitudes y forma de ser suelen presentarse dificultades que pueden influir en el proyecto personal.

Es ahí donde será necesario recurrir a la fuerza de voluntad que permitirá perseverar para lograr el objetivo.