Para conseguir una vejez con calidad de vida y con autonomía, hay que tomar medidas desde las primeras etapas de la vida.

Dieta sana y ejercicio son las dos normas preventivas por excelencia para envejecer de manera saludable y conservar la autonomía en la ancianidad.

Vivir más y mejor es el deseo de cualquier ser humano. Para lograrlo, hay que tomar medidas desde las primeras etapas de la vida, ya que repercuten en la senectud. Las dos intervenciones más eficaces para tener un envejecimiento saludable son: seguir una dieta sana y practicar ejercicio físico.

El ejercicio físico debe ser de práctica habitual, no extenuante, de alrededor de 45 minutos al día y puede consistir en caminar a paso vivo, lo que es estupendo para prevenir el deterioro funcional de la vejez.

Aunque siempre se habla del ejercicio aeróbico, que consiste en ir en bicicleta, correr o nadar, también son muy útiles los pequeños ejercicios de resistencia que se hacen con pesas o mancuernas El otro pilar fundamental para lograr un envejecimiento sano es seguir una nutrición equilibrada que no favorezca la obesidad.

En la alimentación correcta y variada deben incluirse todos los principios inmediatos, proteínas, vitaminas y minerales en cantidad suficiente. Asimismo, se deben fraccionar las comidas. Es preferible que el anciano tome varias comidas pequeñas al día, que pocas y abundantes.

La instauración de los buenos hábitos debe realizarse durante los primeros años de vida. Por eso, se debe practicar actividad física en los primeros 15 o 20 años, porque adquirir luego ese hábito es muy difícil. Lo mismo ocurre con los hábitos alimenticios. “Uno come como ha comido siempre”

¿A partir de qué momento en la vida ya no se pueden retrasar más las medidas para asegurarse una etapa anciana con calidad de vida y con autonomía? Los expertos sitúan la frontera en torno a los 50 años para ambos sexos. En el caso de la mujer, porque entra en la menopausia, entre los 47 y los 52 años, etapa en que comienzan a diagnosticarse enfermedades vinculadas al aparato locomotor, artrosis u osteoporosis y cardiovasculares, por los cambios hormonales que sufre.