Diversos expertos destacan que los conflictos hídricos no se deben normalmente a la escasez física de agua, sino a su deficiente gestión. Así, la huella de agua destaca en última instancia la insostenibilidad que supone que los países y sus habitantes consuman más agua de la que realmente disponen.
Ahora bien, el consumo de agua es más complejo que el simple correr del chorro del grifo. Ideado en 2002 por Arjen Hoekstra, experto del Instituto UNESCO-IHE, y Pham Q. Hung, físico de la Universidad de Virginia, la huella de agua, o huella hidrológica, define un concepto similar al más conocido de la huella ecológica, sólo que en este caso se consideran diversos valores relacionados específicamente con el agua.
En este sentido, la huella de agua está estrechamente ligada al concepto de “agua virtual”. Se trata de una idea de John Anthony Allan, investigador del King’s College de Londres y la Escuela de Estudios Orientales y Africanos, que consiste en la cantidad de agua utilizada en elaborar, empaquetar y transportar los productos de consumo.
El agua virtual recuerda que los consumidores no sólo utilizan este líquido cuando beben, se duchan o riegan las plantas de su jardín, sino también cuando comen o se visten.
Así, por ejemplo, una camiseta de algodón tiene una huella de 4.100 litros de agua virtual, (o sea que para su fabricación y producción se utilizan 4.100 litros de agua!!), una hamburguesa 2.400 litros y una taza de café 140 litros.
Asimismo, la huella tiene en cuenta el uso que se da de este líquido: el “agua azul” es la destinada a producir bienes y servicios; el “agua gris” es la que acaba contaminada en la producción de dichos bienes; y el “agua verde” la que se en-cuentra en el suelo, procedente de la lluvia.
En concreto, según cálculos de un grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid, el agua para beber (entre 2 y 5 litros diarios) y para higiene y tareas domésticas (entre 50 y 200 litros) es una parte pequeña comparada con los 2.740 litros de agua virtual consumidos diariamente, o sea la cantidad empleada en elaborar, empaquetar y transportar los bienes y productos de consumo.